La mente también gana partidos: acompañamiento psicológico en el fútbol
- 8 may
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En el deporte, durante años se ha hablado del talento, la disciplina, la alimentación y el descanso como base del rendimiento. Sin embargo, hay un factor igual de determinante que muchas veces pasa desapercibido, la salud mental. En el Atlético Bucaramanga, este aspecto empieza a consolidarse como parte fundamental en la formación integral de sus deportistas.
“La mentalidad lo es todo”, asegura la psicóloga y coach deportiva del equipo, María Alejandra Rey Nassar. Su enfoque es claro, una mente sana no es un complemento, es un pilar. Así como el cuerpo necesita entrenamiento, la mente también requiere atención, cuidado y preparación constante. Para ella, el rendimiento no depende únicamente de lo físico, sino del equilibrio entre todos los aspectos que rodean al jugador.
Diversos estudios respaldan esta visión. Según el Comité Olímpico Internacional, cerca del 35% de los atletas de élite experimentan problemas de salud mental como ansiedad, depresión o estrés durante su carrera. Además, investigaciones publicadas en revistas como British Journal of Sports Medicine destacan que el bienestar psicológico impacta directamente en la toma de decisiones, la concentración y la capacidad de manejar la presión en competencia.
En el día a día, estas diferencias son evidentes. “Es muy fácil notar cuando un jugador ha trabajado en su salud mental y cuando no”, explica. La forma en la que un deportista enfrenta la frustración, responde a la crítica o maneja un error dentro del juego, muchas veces está relacionada con procesos personales más profundos.
Porque detrás del rendimiento hay historias, vivencias, dificultades, inseguridades y también maneras de afrontar cada situación. “Muchos traumas o momentos difíciles terminan reflejándose en la manera de jugar”, añade. Y aunque algunos deportistas encuentran apoyo en la espiritualidad o en sus creencias, el acompañamiento profesional sigue siendo una herramienta importante que no todos han tenido.
Uno de los retos más importantes dentro de un equipo es gestionar los momentos difíciles. Allí, el trabajo psicológico cobra aún más relevancia. “En esos momentos, trabajamos la unión. La comunicación es la base de un buen equipo deportivo”, señala. Porque cuando el grupo está conectado, el rendimiento colectivo se fortalece.
Sin embargo, también hay una realidad que no se puede ignorar, los procesos emocionales toman tiempo. “Años de experiencias no se pueden resolver en dos semanas, pero sí se pueden empezar a trabajar”, explica María Alejandra. Por eso, su enfoque combina la psicología deportiva con la psicología clínica, entendiendo que el jugador no es solo lo que pasa en la cancha, sino también todo lo que vive fuera de ella.
En ese sentido, uno de los mayores desafíos es aprender a separar, o al menos gestionar, la vida personal y el mundo deportivo. Situaciones como problemas familiares, rupturas sentimentales o dificultades externas pueden impactar directamente en el desempeño. “Muchos aún ven el fútbol como un hobby y no como una profesión, y eso hace que lo personal afecte mucho más lo laboral”, afirma.
De ahí la importancia de empezar desde edades tempranas. El acompañamiento psicológico no solo ayuda a mejorar el rendimiento inmediato, sino que prepara a los deportistas para enfrentar los retos que vendrán. Formar la mente desde el inicio evita que, en el futuro, los golpes emocionales sean más difíciles de manejar.

Hablar de salud mental en el deporte ya no es una opción, es una necesidad. Referentes internacionales han abierto la conversación en los últimos años, demostrando que incluso en la élite, el bienestar emocional es clave para sostener el rendimiento.
Pero más allá de estadísticas o teorías, hay una pregunta que resume todo el proceso:
¿Qué significa realmente ganar?
Para la psicóloga, la respuesta va más allá del resultado. “Ganar no es solo vencer. Ganar es construir quién soy a través del proceso”. Una visión que invita a entender el deporte no solo como competencia, sino como un camino de crecimiento personal.
Porque al final, el verdadero rendimiento no solo se mide en el marcador, sino en la capacidad de cada deportista de conocerse, fortalecerse y avanzar, dentro y fuera de la cancha.





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