El entorno como rival: Adaptación a climas y alturas
- hace 4 horas
- 3 min de lectura
Cuando los jugadores entran al terreno de juego, el rival no siempre tiene uniforme, en muchas ocasiones, la altura, el calor o la humedad son desafíos tan exigentes como el equipo que está al otro lado de la cancha. En el deporte de alto rendimiento, adaptarse a diferentes condiciones ambientales puede marcar la diferencia entre alcanzar el máximo potencial físico o perder un compromiso.
En Colombia, los deportistas enfrentan escenarios muy diferentes. No es lo mismo competir en ciudades ubicadas cerca del nivel del mar que hacerlo en lugares como Bogotá (2.640 metros sobre el nivel del mar), Tunja (2.820 m) o Pasto (2.527 m), donde la altitud modifica la forma en que el cuerpo obtiene y utiliza el oxígeno. Aunque el aire mantiene la misma proporción de oxígeno, la presión atmosférica disminuye con la altura, haciendo que cada respiración aporte menos oxígeno al organismo, esto entonces, aumenta la frecuencia cardíaca, aparece una sensación de fatiga más temprana y los músculos deben trabajar más para sostener esfuerzos de alta intensidad.
Un estudio publicado en 2007 en el British Journal of Sports Medicine por los investigadores Ross Tucker, Jordan Santos-Concejero y Timothy Noakes, analizó 1.460 partidos de clasificación para la Copa Mundial de la FIFA disputados entre 1900 y 2004, y encontraron que la ventaja competitiva aumenta cuando existe una diferencia importante de altitud entre los equipos. Según la investigación, las selecciones acostumbradas a jugar en altura obtienen mejores resultados cuando reciben a rivales provenientes de zonas bajas, mientras que los equipos del nivel del mar suelen ver reducido su rendimiento al competir en ciudades elevadas.
Más allá de los estudios, esta realidad también se refleja en la experiencia de los deportistas. Sophia Rojas, jugadora del equipo femenino, asegura que competir en altura supone un reto físico evidente. “Es difícil respirar porque el ahogo llega muy rápido y luego recuperarse es aún más lento”, comenta.
Sin embargo, cuando un deportista permanece varios días o semanas en altura, el organismo comienza a producir más glóbulos rojos y hemoglobina, mejorando gradualmente el transporte de oxígeno hacia los músculos. Una revisión publicada en 2023 en la revista científica Heliyon concluyó que los programas de entrenamiento en altura pueden generar mejoras significativas en la capacidad aeróbica y en el rendimiento deportivo cuando son planificados adecuadamente. Por esta razón, numerosos atletas de élite alrededor del mundo utilizan entrenamientos en altura como parte de su preparación física.
El calor también representa una prueba considerable para el rendimiento deportivo. Durante el ejercicio, el cuerpo genera una gran cantidad de calor interno y necesita mecanismos eficientes para disiparlo. La sudoración se convierte entonces en la principal herramienta de regulación térmica, aunque también implica pérdidas importantes de agua y electrolitos. Cuando estas pérdidas no son compensadas adecuadamente, aparecen síntomas como fatiga, disminución de la concentración y reducción de la capacidad física.

Las investigaciones en fisiología deportiva han demostrado además que la aclimatación al calor permite que el organismo se vuelva más eficiente. Un estudio publicado en 2020 en la revista Temperature encontró que después de varios días de exposición controlada al calor, los deportistas suelen presentar una menor frecuencia cardíaca durante el ejercicio, una mejor capacidad para regular la temperatura corporal y una respuesta más efectiva a la sudoración. En otras palabras, el cuerpo aprende a desempeñarse mejor incluso en ambientes exigentes.
El monitoreo de la hidratación, la planificación de las cargas de trabajo, la recuperación y las estrategias de adaptación forman parte de un proceso que busca que el deportista llegue en las mejores condiciones posibles, independientemente del lugar donde compita.

